SOBRE LA LABOR DEL CREADOR
En torno a la diversidad cultural
el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social,
de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene (Etica para Amador. Savater)
Es por ello que estas preguntas que la ética nos propone son viejas pero marcan una siempre vigente cuestión. Schopenhauer la precisa de mejor manera al señalar: “el problema de la autodeterminación no consiste en si puedo hacer lo que quiero, sino en si soy libre de querer lo que quiero”. “Ser o no ser, es la cuestión”, como Hamlet medita ante la imagen de la finitud del hombre, antes de decidir qué hacer y dirigirse a su propia finitud. Estos desafíos de la ética, asociados al arte y la cultura, no son problemas nuevos en el rol del arte y el artista y en el rol de la política y el rol del Estado.
No soy un especialista de la disciplina que estudia la ética, se comprenderá, pero las cuestiones esenciales de ella y su relación con el artista y la política son fundamentales para entender el campo específico de cada cual. Fernando Savater, citando a Bachelard sostiene que en el principio de la ética está la acción, y que “la lucha contra lo real es la más directa de las luchas, la más franca. El mundo resistente promueve al sujeto al reino de la existencia dinámica, a la existencia por el devenir activo, de donde proviene un existencialismo de la fuerza, y agrega que “el hombre no puede dejar de enfrentarse a las cosas, porque así prueba que él no es cosa alguna”.
Osorno, Octubre 2004
Los desafíos éticos de las artes y de la cultura
(Fragmento de charla sobre los desafíos éticos del artista en el desarrollo cultural de la sociedad, dictada en Osorno en octubre de 2004, en el marco de Seminario sobre Cultura y Desarrollo organizado por la Corporación Cultural de Osorno)
La ética es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible;
el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social,
de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene (Etica para Amador. Savater)
Quizás debido a mi origen de formación en el cine, mi participación abusará de algunas citas cinéfilas, pero no puedo negarme a lo que soy esencialmente: un cineasta que ha intentado aportar durante algún tiempo al desarrollo de políticas públicas para el desarrollo del audiovisual y ahora he sido encargado de aprovechar esa experiencia y llevarla a otras artes desde el Consejo Nacional de la cultura y las Artes.
Es probable que alguien en la sala recuerde aquella parábola contada por Orson Welles en uno de sus filmes, Míster Arkadin: un escorpión propone a una rana que le cruce sobre su lomo al otro lado del río; la rana se niega, recelosa del mortífero aguijón y el escorpión la tranquiliza diciéndole que nada ha de temer, puesto que si la pica, él será el primero en lamentarlo ya que se ahogará; víctima de la persuasión lógica, la rana acepta a su venenoso pasajero y en la mitad de la corriente recibe el mortal punzado: ¿por qué? Pregunta agonizante el pobre batracio y el otro, que también se dispone a morir, responde “lo siento, no puedo remediarlo, está en mi naturaleza…”
¿Qué es lo bueno y qué es lo malo para el ser humano?. ¿Qué quiero ser?.
Es por ello que estas preguntas que la ética nos propone son viejas pero marcan una siempre vigente cuestión. Schopenhauer la precisa de mejor manera al señalar: “el problema de la autodeterminación no consiste en si puedo hacer lo que quiero, sino en si soy libre de querer lo que quiero”. “Ser o no ser, es la cuestión”, como Hamlet medita ante la imagen de la finitud del hombre, antes de decidir qué hacer y dirigirse a su propia finitud. Estos desafíos de la ética, asociados al arte y la cultura, no son problemas nuevos en el rol del arte y el artista y en el rol de la política y el rol del Estado.
Ética del artista:
No soy un especialista de la disciplina que estudia la ética, se comprenderá, pero las cuestiones esenciales de ella y su relación con el artista y la política son fundamentales para entender el campo específico de cada cual. Fernando Savater, citando a Bachelard sostiene que en el principio de la ética está la acción, y que “la lucha contra lo real es la más directa de las luchas, la más franca. El mundo resistente promueve al sujeto al reino de la existencia dinámica, a la existencia por el devenir activo, de donde proviene un existencialismo de la fuerza, y agrega que “el hombre no puede dejar de enfrentarse a las cosas, porque así prueba que él no es cosa alguna”.
Por tanto, si el primer propósito del hombre activo, el primer anhelo del querer es sencillamente ser, querer es querer ser, y como apuntaría Nietzche, querer ser es querer ser más, ampliarse más en el ser. Savater aventura que este hombre activo, que afirma la acción como principio es fundamentalmente deseante, de tal modo que “Volo ergo sum”, según el dictamen de Agustín: quiero luego soy, es la línea a que vuelve la filosofía moderna para centrar el núcleo más profundo de la subjetividad. La interrogante de Schopenhauer sobre la autodeterminación retorna a nosotros.
Luego, ¿que es lo quiere el individuo? Llegar a ser plenamente yo, es decir no-cosa, agrega Savater; mantenerme, dice, en una totalidad abierta en la que pueda confirmarme como autodeterminación, o sea, como creación y libertad. Para ello debo ser reconocido –identificado- por otro sujeto al que a mi vez haya reconocido como tal. ¿Cómo puedo lograrlo? Se pregunta y responde Savater, que es a través de instituir “una comunidad de sujetos de la que ningún objeto infinito quede por principio excluido, en la que se pacten relaciones de auténtica y explícita reciprocidad y donde a nadie le sea menoscabada ni vedad la realidad de lo posible”. Lo que el yo quiere es reconocimiento de su abierta totalidad creadora, relación de mutuo apoyo y estímulo con el otro, obtenible en una comunidad social en que la voluntad de reconocimiento y la autodeterminación humanas hayan encontrado una adecuada institucionalización. Termina afirmando Savater que esta forma de relación con el otro, que sería la relación ética, tiende necesariamente a la impersonalidad y al cosmopolitismo; por la impersonalidad el reconocimiento se desvincula de unas determinadas características ideológicas, familiares o raciales, y por el cosmopolitismo va más allá de cualquier concreto marco geográfico o de cualquier identidad nacional: es el hombre lo que hombre al hombre, y merced al hombre se abre el hombre a la infinitud creadora y libre, y de este modo logra ir más allá del hombre.
Pero dado que el ser humano concretiza esta relación ética a partir de una comunidad determinada, debiéramos entender que hay una manera en que dicha tendencia se efectúa, desde “la tierra y los sueños” como dice Bachelard. En un mundo, o realidad, en que la globalización de la economía y los medios de comunicación han instalado una proyección cultural estandarizante, parece ser necesario entender que la ética y la cultura, dimensiones que apelan al individuo y a la comunidad de sujetos, requieren ser reflexionadas para que la actividad humana orientada a la “poiesis” aristotélica, pueda dejar como remanente productos que efectivamente responda a los sueños y a la tierra.
Aquí viene a mi palabra una expresión de Castoriadis, filósofo africano de origen griego, formado en Francia y que ejerció su academia desde el país galo, influyente figura del pensamiento contemporáneo. El se definía a sí mismo como “un hijo de la tierra y del cielo estrellado”. Es esa la actitud ética del artista, cuestión que debe ser comprendida al momento de establecer la manera en que la comunidad social institucionaliza el reconocimiento y la autodeterminación en que éstos pueden llevar a cabo su actividad, y al mismo tiempo, como en un espejo, devuelve al artista su grado de responsabilidad en el ejercicio de su expresión que a través de la impersonalidad y cosmopolitismo atiende a un reconocimiento profundo con el otro yo que le escucha, le ve o le lee. De aquí deviene a mi juicio que la responsabilidad del artista es resistir la superficialidad y aspirar a la profundidad.
Ignacio Aliaga Riquelme
Osorno, Octubre 2004
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